Que
ingenuos somos al no darnos cuenta de que nada es eterno, y no me refiero al
hecho de que una persona tenga que morir para perderla, si no simplemente al acto del
adiós por parte de alguien importante. Ignoramos
que esto puede ocurrir en cualquier momento. Sin explicación. Sin una
respuesta. Sin una mínima posibilidad de arreglo. Sin poder hacer nada…
Y
ahora es cuando no importan aquellas promesas incumplidas, ya que se han
convertido en palabras, palabras sin
valor alguno como aquel repetido “Siempre he estado y siempre estaré ahí”,
es irónico, es como si hubieses sabido desde el primer momento que esto
ocurriría y quisiste despedirte insinuosamente. Ahora es cuando realmente se
muestra lo importante que eras para esa persona.
Pero
ya da igual, hay veces que debemos tomar decisiones nos gusten o no, en esta
ocasión decidiste coger el camino más fácil (una
vez más), no te culpo, consideraste que era lo correcto, puede que sí,
aunque no por ello estoy de acuerdo.
Todo
esto ha hecho que refuerce mi pensamiento de que todo tiene un final, todo se acaba. Con esto no quiero decir que ya
no eres nadie para mí, sigues y seguirás siendo alguien importante, aunque
ahora lo único que puedo hacer es conformarme con recuerdos.
"Y es que ya no hay lágrimas que valgan ni misterios que
cuidar solo la mísera certeza de que nada será igual ..."
"Y si miro atrás no encuentro aún motivos ..."
No hay comentarios:
Publicar un comentario